Bolivia, cambio climático, pobreza y adaptación

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En abril de 2009, la página web “The Guardian” publicó una dramática narración sobre cómo la comunidad Uru Chipaya, que ha vivido 4,000 años en la zona sur-oriental del Altiplano y que resistió al Imperio de los Incas y a la conquista española, ahora se encuentra en peligro de extinción, en parte debido al cambio climático.

El río Lauca, del cual dependen como fuente de agua, se estaba secando, entre otros, por la variabilidad de las lluvias y la sequía. Muchos miembros de la comunidad Uru Chipaya se vieron obligados a emigrar a las ciudades para poder sobrevivir, quedando menos de 2,000 pobladores en su territorio ancestral.

Como indica claramente este reporte, la falta de lluvia no es la única causa de esta situación, la disputa con comunidades ubicadas sobre el mismo río exacerbó la falta de agua. La combinación del cambio climático y otros factores locales constituyen una grave amenaza para la comunidad, y el tema del agua es central. Como dijo un poblador de esa localidad: “si no hay agua, los Chipayas no tienen vida”.

El relato sobre los Uru Chipayas resume la importancia del cambio climático en Bolivia. La variación climática es una carga adicional de vulnerabilidad, potencialmente devastadora, e incrementa el riesgo al que cientos de miles de mujeres y hombres ya están expuestos por la pobreza y otros problemas ambientales fuera del cambio climático. Además, la historia de los Uru Chipayas nos recuerda que Bolivia es el país de América Latina con el mayor porcentaje de pueblos indígenas, equivalente aproximadamente al 66 por ciento de la población. Esta cifra incluye a los indígenas Aymaras y Quechuas y a más de 30 grupos indígenas, tanto de tierras altas como las tierras bajas.